Ganar perdiendo, elecciones contradictorias

El pasado proceso electoral arrojó datos contradictorios. De los 30 millones de votos que el partido oficial, Morena, obtuvo en las elecciones presidenciales de 2018 ahora solamente 16 millones de ciudadanos votaron por esta opción política, perdiendo los morenistas 14 millones de simpatizantes. Sin embargo, esta pérdida dramática de preferencia no se reflejó en los resultados concretos de estas elecciones, pues este partido de las 15 gubernaturas que estuvieron en disputa le ganó 7 al PRI (Colima, Guerrero, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Zacatecas y Campeche), 2 al PAN (Baja California Sur y Nayarit), la única que tenía el PRD (Michoacán) y retuvo Baja California.

En cuanto a las diputaciones federales, Morena tendrá hasta 203 diputados de los 253 que tuvo en la actual legislatura, perdiendo la mayoría calificada en la Cámara Baja del Congreso de la Unión. El PAN tendrá 117 diputaciones; el PRI 75; el PVEM 48; PT 41; Movimiento Ciudadano 27; 21 PRD y el PES 6. Esta situación obliga al partido en el poder a hacer alianzas con otras fuerzas políticas para sacar adelante las iniciativas que presente en esta Cámara.

En lo que se refiere a los congresos locales, de los 30 que se disputaron en el país Morena retuvo su mayoría en 17 entidades, ganó uno y perdió su dominio en el de Durango.

El gran descalabro de los morenistas, sin duda alguna, lo sufrieron en la Ciudad de México, en donde de manera estrepitosa perdieron 8 alcaldías frente a la coalición PRI-PAN-PRD (Tlalpan, Contreras, Álvaro Obregón, Cuajimalpa, Coyoacán, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Azcapotzalco) manteniendo su dominio en la mitad oriente de la ciudad (Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza, Iztacalco, Iztapalapa, Tláhuac, Xochimilco y Milpa Alta). El PAN retuvo su bastión, la alcaldía Benito Juárez. El perder la mitad de las alcaldías de la Ciudad de México, la entidad más poblada del país, significa una fuerte llamada de atención para el lopezobradorismo a nivel nacional, cuyos gobiernos estatales y gobierno federal se han caracterizado por su alta opacidad, corrupción e ineficiencia que desgraciadamente han costado ya la vida de miles de ciudadanos, tanto en la mal manejada pandemia de coronavirus como en la ola interminable de inseguridad y violencia que azota al país entero, pasando por la lamentable tragedia de la Línea 12 del Metro, que ha trascendido nuestras fronteras ocupando las primeras planas de prestigiados periódicos extranjeros, como el New York Times, que recientemente dio a conocer una investigación en la que un grupo de expertos, basándose en documentos oficiales, concluyeron que las causas del colapso de esta obra se debieron a fallas graves desde el inicio de su construcción; negligencias que apuntan hacia un responsable directo: el ex jefe de gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard Casaubon, actual secretario de Relaciones Exteriores, bajo cuya gestión se construyó e inauguró la Línea 12 del Metro. Este hecho, incuestionablemente, pone fuera de la carrera presidencial a este político depredador.

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Con más de 100 candidatos, funcionarios y alcaldes asesinados durante este proceso electoral, estos comicios fueron los más sangrientos en la historia de México. El presidente López Obrador y su secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, fueron incapaces de brindar garantías de seguridad pública para que estas elecciones se desarrollaran en un ambiente civilizado.
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El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón, y su costosísimo Rolex fueron descarrilados de la carrera presidencial por la investigación que dio a conocer el prestigiado periódico estadounidense New York Times, en la que expertos lo señalan como responsable directo de la tragedia de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México.

Ahora, ante estos resultados adversos en la Ciudad de México, el presidente de la República, López Obrador, ha dirigido su resentimiento hacia la clase media manifestando en su conferencia mañanera: “Son muy difícil de convencer. Son los que tienen licenciatura, maestría, con una actitud aspiracionista, quieren triunfar, salir adelante, eso sí, van a la iglesia todos los domingos” (sic), denigrando de esta manera a sus propios correligionarios y simpatizantes, quienes tácitamente pasan a ser los ignorantes y pusilánimes que se conforman con las dádivas miserables que el gobierno lopezobradorista les da.

En lo que se refiere al panorama de Durango, el partido Morena obtuvo 165,286 votos, y su aliado, el PT, 17,043; en contraparte, el PRI consiguió 123,125 votos, y sus aliados, el PAN, 93,627, y el PRD 11,497. Estas cifras nos dejan ver que por sí solos los partidos PRI, PAN y PRD no podrían evitar el triunfo del partido Morena en las próximas elecciones de 2022, por lo que si quieren sobrevivir lo más sensato para ellos será mantener su pacto electoral.

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Otniel García Navarro, dirigente estatal de Morena en Durango, a pesar del triunfo en la región lagunera, no pudo evitar la derrota en la mayor parte del estado, en donde perdieron dos de los cuatro distritos federales que tenían en su poder y la mayoría en el Congreso local.

Mientras esto sucede, la encuesta anual del Índice de Capacidad para Combatir la Corrupción (CCC), realizada en 15 países de Latinoamérica por Americas Society/Council of the Americas y Control Risks, concluyó que por tercer año consecutivo México pierde capacidad para combatir la corrupción “ante la absorción de recursos de la pandemia, que le dio margen a los políticos para debilitar a los órganos judiciales”. Esta organización también encontró “una disminución grave en la eficiencia e independencia de las fiscalías anticorrupción del territorio mexicano”.

La lección que nos deja el reciente proceso electoral es que debemos seguir participando en política para evitar que una minoría de políticos rapaces continúe tomando decisiones que nos afectan a las mayorías, pues tuvimos un resultado vergonzoso de abstencionismo que se ubicó entre el 50 y 60% a nivel nacional.


 

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