Entre la consulta y el regreso a clases

En la segunda parte del sexenio continúan los encuentros, desencuentros y encontronazos entre el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y la multivariada, débil y poco articulada oposición. Cualquier terreno es campo fértil para que ambos espectros de la vida política, quienes se encuentran en el poder y los que buscan acceder a él, se nieguen el reconocimiento.

En los últimos días los terrenos de la disputa y descalificación han sido la consulta ciudadana para decidir si se emprende una investigación del ejercicio presidencial de los últimos cinco inquilinos de Los Pinos; el regreso a clases presenciales en medio de la tercera ola de Covid y su variante Delta; la intención de reformar el mecanismo por el cual se otorgan los apoyos a los estudiantes de las Normales Rurales; y el complejo fenómeno migratorio al que aún no le encuentran la cuadratura.

El ejercicio de la consulta terminó siendo un verdadero galimatías que a nadie dejó contento, pues no contó con la participación ciudadana que esperaban los organizadores, hecho que le dio la razón a quienes se empeñaron en descarrilarla.

Mal comienza la semana a quien ahorcan el lunes, reza el refrán. Así le sucedió a la consulta desde el origen mismo y el barroco planteamiento de la pregunta en cuestión: “¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?” Aunque en el fondo se entendía que el Sí era a favor de que se investigaran las acciones políticas de los expresidentes, nos parece que el cuestionamiento debió plantearse más claro y breve.

Por otro lado, no dejó de llamar la atención que el mismo inquilino de Palacio Nacional no participara en la consulta, una decisión que fue usada por las voces que se oponían al ejercicio.

Más allá de esto, para ampliar y fortalecer nuestra democracia son fundamentales los ejercicios de participación directa de la ciudadanía. Debemos estar conscientes que no en todos los países la clase gobernante tiene la práctica de consultar a sus gobernados sobre algunas de las decisiones que debe tomar para ejercer su trabajo; por el contrario, una vez llegados al poder, su ejercicio se da de manera alejada a los intereses de la población, incluso en muchos casos se gobierna de espaldas a la ciudadanía.

Ahora bien, la consulta abrió un nuevo debate sobre la revocación de mandato que está planteando el presidente de la República para el 6 de marzo del siguiente año. Esa decisión ha metido en un berenjenal a propios y extraños. Ni en Morena ni en la oposición se ponen de acuerdo sobre el beneficio de dicho ejercicio, y al final del día parece que cualquier decisión que se tome beneficiará a López Obrador. Si se realiza, el presidente tendrá elementos para combatir la narrativa de la oposición de que es un dictador; de salir beneficiado con el apoyo de los votantes aumentará su legitimidad y poder hacia la tercera parte del sexenio, lo que tendría un impacto favorable y anticipado para las elecciones de 2024: por un lado, derrotaría dos años antes a la oposición, y por otro, encauzaría a su sucesora o sucesor rumbo a Palacio Nacional.  

En caso de cancelarse la consulta, se montará en un discurso legitimador sobre su deseo de someter a revocación su mandato y que la oposición lo descarriló por temor a perder.

¿Pero qué pasa con Morena? Si atendemos a los 7 millones de votantes de la consulta pasada, ese partido podría negarse al ejercicio de revocación de mandato por temor a no llegar a un número de participación al menos cercano a la votación que tuvo en la elección intermedia.

Por su parte, la oposición montará un frente común en la Cámara de Senadores para detener la aprobación de la Ley Federal de Revocación de Mandato, que reglamentaría la reforma al artículo 35 Constitucional. Esa ley establecería que la revocación de mandato solo podrá ser solicitada por los ciudadanos que firmen una petición con sus datos electorales, en una cantidad equivalente al 3% del padrón electoral, y la consulta sería organizada por el INE. La pregunta planteada sería: “¿Está de acuerdo con que se concluya de manera anticipada el desempeño del cargo de la Presidencia de la República, a partir de la pérdida de confianza”? Para que el resultado de la consulta fuese vinculante tendría que participar al menos 40% del listado nominal de electores.

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De darse la votación para la Revocación de mandato, López Obrador podría llevarse una desagradable sorpresa por los pésimos resultados que ha tenido su gobierno en todos los rubros.

Otro asunto de urgente atención tiene que ver con la idea de López Obrador de quitar los comedores de las Normales Rurales (NR) y que los recursos se entreguen de manera directa a las y los jóvenes a través de una beca para alimentación que utilicen en fondas o restoranes. La razón que se da desde Palacio Nacional es que en las NR “hay cacicazgos y el dinero no es bien manejado”. Como suele suceder en algunas ocasiones, AMLO no deja en claro con nombres y apellidos quiénes son esos caciques y cuál es la manera que tienen de manejar en su beneficio los recursos destinados por la Federación a las NR.

Una cosa es la necesidad de acabar con las prácticas de corrupción al interior de las NR y con el manejo patrimonialista de su presupuesto por parte de quienes ejercen ese control, y muy otra es que la estrategia para enfrentar el flagelo de la corrupción sea acabando con los comedores e internados de las NR que se han significado como espacios centrales para la práctica aglutinadora de la organización política y social de las comunidades rurales en torno a la educación.

Reducir el presupuesto para las NR y tratar de atomizar su organización colectiva con la peregrina justificación del combate a la corrupción, será el tiro de gracia para el proyecto de educación rural más importante a lo largo de la historia de México, que hoy se encuentra en la periferia del sistema educativo nacional, con pocos recursos y un constante acoso político y financiero para doblegar sus acciones.

Finalmente, el pasado jueves 12 de agosto México alcanzó una nueva cifra récord de contagios de Covid, con 24 mil 975, la cifra más alta reportada en 24 horas desde el 28 de febrero de 2020. La curva epidémica mantiene su tendencia al alza, así como la velocidad de contagio, pues se notificó un aumento de 4 por ciento en los casos estimados para la semana del 25 al 31 de julio, en comparación con el periodo anterior. Pese a ello, la ocupación hospitalaria se mantuvo sin cambios, tanto para camas generales como con ventilador, pues en el primer caso se reporta una tasa de 54 por ciento a nivel nacional y de 46 por ciento en las que tienen ventilador.

En ese contexto se anuncia el regreso a clases presenciales a partir del próximo 30 de agosto, aunque de forma planeada, escalonada, gradual, cauta y voluntaria. Para organizar el regreso a clases el gobierno federal estableció un plan de acciones para garantizar la seguridad del alumnado y el profesorado, a saber: activación de los Comités Participativos de Salud Escolar; aplicación de tres filtros sanitarios, el primero de ellos en casa, el segundo al llegar a la escuela y un tercero al ingresar al salón; uso correcto de cubrebocas; lavado de manos y uso de gel antibacterial; sana distancia; reportar casos confirmados y sospechosos de Covid para cortar cadenas de contagio; mayor uso de espacios abiertos; suspensión de ceremonias y reuniones; seguimiento de cursos de apoyo socioemocional en línea y elaboración de cartas compromiso de corresponsabilidad por parte de las madres y padres de familia.

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En medio de la tercera ola de Covid19, el regreso a clases presenciales no tiene muy convencida a buena parte de la ciudadanía.

Reconocemos que el regreso a las aulas conlleva un riesgo para toda la población que participa en la educación, pero en algún momento debemos comenzar el retorno escolar con todos los protocolos de seguridad que permitan comenzar a recuperar la vida que teníamos antes de la pandemia. Se comprende el temor fundado de madres, padres, maestros y personal educativo por el regreso a las aulas, frente a lo cual, la mejor estrategia que podemos echar a andar es cumplir a pie juntillas con los protocolos de seguridad y atender el llamado del gobierno para vacunarnos.


 

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