El pueblo oaxaqueño, rehén eterno de los intereses mezquinos de los grupos políticos y caciques que siempre han perturbado la paz social en esta entidad.

En los comedores políticos de Oaxaca se habla del próximo libro “escrito” por José Nelson Murat Casab, para defender, dice él, al gobierno del presidente Peña Nieto, a él y a su familia de los escándalos que, sostiene, se generalizan con el afán de eliminar a su hijo Alejandro de la posibilidad de llegar a la gubernatura de Oaxaca… en fin, tal vez lo que en realidad pretende es echar las culpas de sus desmanes al empresario Carlos Slim, como si este fuera el causante de la desestabilización del gobierno de Peña y de su desgracia; a lo mejor Murat olvida que: “Las águilas no cazan moscas”, y que algunos políticos son exactamente como las moscas: “siempre regresan a la misma mierda”.

El pueblo oaxaqueño, rehén eterno de los intereses mezquinos de los grupos políticos y caciques que siempre han perturbado la paz social en esta entidad.
El pueblo oaxaqueño, rehén eterno de los intereses mezquinos de los grupos políticos y caciques que siempre han perturbado la paz social en esta entidad.

Uno se pregunta la razón por la que un empresario, como todos los empresarios políticos, debería enfrentar a un gobierno tan poderoso como el de Peña Nieto, que está consolidado por medio de un cerrado grupo de toluqueños, y ahí existen empresarios muy fuertes, sobre todo empresarios ligados familiarmente y en intereses con José Murat; a lo mejor, no sé, no pretende defender al presidente sino justificar la participación de los grandes empresarios del Estado de México en su arribo a la gran oligarquía nacional, así que no nos confundamos.

Por supuesto que debemos reconocer que existe un gran problema de credibilidad y que, hoy por hoy, los escándalos sobre las corruptelas y los conflictos de intereses son una realidad que no se podrá ocultar en el país, y que si queremos estabilizar la situación en bien de México y en especial del grupo Atlacomulco, este debe entender que hay que sacudirse piezas que ya no sirven en el proceso de gobierno y de control político, porque sus ligas con la corrupción y las complicidades son enormes.

Debemos entender que gran parte de la conducción política y económica del país se debe, precisamente, a lo que dictan desde Estados Unidos, y para muestra hay que ver, por ejemplo, lo que está sucediendo con John Kitzhaber, el primer gobernador en Estados Unidos en ser reelecto para un cuarto mandato en Oregon, quien dejó su cargo la semana antepasada presionado tanto por la oposición como por sus compañeros del partido demócrata, y todo porque se sospecha que su novia, Cylvia Havesa, se sirvió de su posición como Primera Dama para impulsar un negocio de consultoría medioambiental, firmando un contrato de 118 mil dólares con la empresa 3E Strategies, en la cual el ex gobernador también es parte de la junta de directores.

A pesar de que el ex gobernador se declara inocente y dice no haber caído en un acto de corrupción, deja su puesto y no se atrinchera en el para defenderse, tal como lo hacen acá muchos de los políticos que son señalados por sus actos de corrupción y de complicidades en negocios y sociedades.

En este país, además de la inseguridad y del baño de sangre que debe ser investigado en sus fondos y métodos, debemos entender que este proceso pasó por un largo camino de corruptelas y de complicidades, que llegó a mostrar su cara más sucia al descubrirse las abiertas relaciones entre delincuentes y políticos en la NARCOPOLÍTICA Y LOS NARCONEGOCIOS en el país.

Oaxaca no deja de ser un punto clave en este esquema del narcotráfico y la corrupción, de tal suerte que hasta los “movimientos sociales” son operados y manipulados desde el poder o por los grupos empresariales y políticos que tienen un amplio respaldo en los entramados de corrupción entre los grupos de caciques, liderados por los ex gobernadores y actuales grupos de poder. Recordemos que Oaxaca es, en el Istmo, la región por donde se opera el tráfico de drogas, armas, gente y recursos que invaden el país desde el sur de América y que, también, es una zona productora de amapola y de marihuana, convirtiéndose en un centro distribuidor de drogas de diseño y de lavado de dinero, inyectado a la política por medio de los grupos locales y nacionales. Si no se realiza una amplia investigación sobre el tema, Oaxaca y Guerrero serán regiones con graves conflictos políticos y paramilitares que no se podrán controlar con facilidad.

Lo más delicado de esto es que la fuerza estatal de policía en Oaxaca está destruida por disputas de interés político y por acuerdos del gobierno actual con los políticos ligados a Marcelo Ebrad… así que veremos serios problemas en la entidad gracias a los intereses y a los compromisos políticos entre grupos… donde Murat tampoco es ajeno.

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