Benigno Montoya Muñoz

Escultor, pintor y arquitecto

Salvador Salas Ceniceros.

Benigno Montoya, escultor, pintor y arquitecto, es el título del libro de la autoría del Ing. Francisco Rugo Montoya Burciaga, nieto de Benigno e hijo del maestro Francisco Montoya de la Cruz,

Esta obra, dignamente impresa, es el fruto de muchos años de investigación realizada por el autor. Una gran y exhaustiva labor de ordenamiento y clasificación del material bibliográfico y fotográfico, mucho tomado por el maestro Montoya de la Cruz, nos invita a realizar un recorrido físico y constatar lo relatado por Montoya Burciaga.

La labor del Ing. Montoya es digna de elogio, ya que para poder hacer un análisis de la extensa obra de su abuelo tuvo que realizar reflexiones in situ de los monumentos funerarios, de los templos construidos así como de obras civiles, tanto en Durango como en varias ciudades del  país.

El Ing. Francisco Rugo, con seguridad tuvo que estudiar arquitectura para poder opinar de los distintos estilos arquitectónicos dominados por su abuelo.

El libro es muy recomendable para quienes somos amantes del arte y para quienes no siéndolo quieran entrar al mundo de la belleza espiritual expresada en la metamorfosis que la cantera nos ofrece gracias a la magia de las manos de Benigno. El maestro fue capaz de transformar la materia inerte en obras de una gran espiritualidad, transformándola en ángeles cuyo origen divino no admite controversia.

La edición del libro consta de unos cuantos cientos de ejemplares, menos de 500, y puede adquirirse en la Librería Universitaria, contra esquina del Museo de la Ciudad, en la esquina de 20 de Noviembre y Victoria. Adquiéralo ya porque seguramente se agotará pronto.

LA SEXUALIZACION DE LOS ANGELES: Lo más importante de la obra escultórica de Benigno Montoya se encuentra en el Panteón de Oriente. No cabe duda que don Benigno poseía una gran espiritualidad, y desde luego religiosidad.

Los ángeles son seres espirituales y, por lo tanto, asexuados, es por eso que su representación puede contener aspectos andróginos, por ejemplo los arcángeles tienen rostros más cercanos a la feminidad, pero cuerpos  masculinos.

Los heraldos de la mitología griega son mensajeros como los ángeles, pero tienen bien definido su sexo; el mal llamado Ángel de la Independencia, que corona la espléndida columna del mismo nombre, no es un ángel, es la representación griega de la victoria (Nike), por eso en la mano derecha lleva el símbolo: una corona de laurel, y sus atributos físicos son definitivamente femeninos.

Los ángeles de Benigno muestran rostros muy femeninos, pero, finalmente, él no pudo resistir la tentación helénica de la “sexualización”, dotando a algunos de una finísima sensualidad hasta llegar al franco erotismo muy bien controlado. En  la figura 1 podemos ver el pie desnudo como ejemplo de erotismo muy recatado.

En la figura 2 el hombro descubierto del ángel no nos deja duda de que se trata de un ángel femenino, y el erotismo (metáfora de la sexualidad, Octavio Paz dixit) se remarca un poco más.

En la figura 3 vemos uno de los ejemplos más logrados de la “sexualización” de los ángeles, ambos con pechos regordetes como era el ideal de la belleza femenina a fines del siglo XIX y principios del XX. Una cinta en la cintura remarca la cadera amplia de la mujer. Una abertura en el vestido deja ver la pierna hasta arriba de la rodilla, dejando a la imaginación lo que sigue hacia arriba, éste “misterio” es precisamente la esencia del erotismo.

Finalmente, la torsión de los cuerpos no deja duda de la actitud de coquetería impregnada de un erotismo finísimo y muy bien logrado.

Es una verdadera lástima que el maestro no haya elaborado esculturas de desnudos femeninos, pero en el frontispicio del teatro Ricardo Castro podemos ver a dos jóvenes (fig. 4) flanqueando en espejo al medallón central donde Benigno representó a Mozart muy joven. Los bustos femeninos están tocando sendos clarines hacia los oídos del músico. Llevan puestos unos vestidos de telas muy finas y bajo los pechos los pliegues de la tela remarcan más sus atributos pectorales. Bajo los medallones se representan los primeros compases del Himno Nacional Mexicano.

La única figura masculina semidesnuda incluida en el texto es la representación del verano (fig. 5), que era una de las que representaban a las cuatro estaciones, y que adornaban el Paseo de las Alamedas. Su morfología y actitud está influenciada por las esculturas preclásicas griegas que representan a Apolo, ya que su actitud es similar a estas en las que los Kouros, como se conocen, presentan un pie adelante, como iniciando una caminata. Las cuatro estaciones fueron retiradas de las Alamedas durante el mandato del general Carlos Real, de 1932 a 1936, y posteriormente destruidas en un acto de barbarie, siguiendo la línea del general Gabriel Gavira, que tanto ha dañado nuestro patrimonio arquitectónico.

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